Para aplicar medidas curativas
adecuadas es indispensable conocer la enfermedad en el sentido de un
diagnóstico.
En la homeopatía es esencial que,
además de estas comprobaciones objetivas, se tenga en cuenta en gran
medida las expresiones subjetivas del paciente.
Para recetar un medicamento
homeopático, no basta saber meramente de qué enfermedad se trata: hay
que tener en cuenta qué características adopta en este determinado
paciente. Por eso parece plausible hablar de un cuadro de la enfermedad.
La homeopatía no sigue la modalidad de tratar cada síntoma con un
medicamento correspondiente. Hahnemann, el padre de la Homeopatía,
señalaba insistentemente que todo enfermo tiene que recibir el remedio
que armonice con la totalidad de sus síntomas.
Por eso, el tratamiento de enfermedades
con medicamentos homeopáticos requiere un proceder individual.
Un tratamiento homeopático exitoso
requiere en alto grado la colaboración activa del enfermo.
Este tiene que indicar con exactitud
todas sus molestias del modo más preciso posible, inclusive formular
observaciones que le pueden parecer a veces sin importancia y hasta
ridículas. Porque sólo estas informaciones en su conjunto redondean el
cuadro de la enfermedad que la terapia homeopática ha tenido que
presuponer, dándole las peculiaridades respectivas su característica y
precisión.
Para elegir el remedio adecuado es
necesario averiguar si las molestias descritas se agravan o mejoran bajo
determinadas influencias o circunstancias, las modalidades. Esas
alteraciones del estado pueden aparecer en ciertos momentos y depender
de la temperatura y el clima.
El homeópata tiene que saber también
qué efecto surten el movimiento y el reposo, el contacto y la presión,
por ejemplo en caso de afecciones reumáticas. Por añadidura hay que
describir con cierto detalle el tipo de dolor. Decir que los dolores son
urgentes, espasmódicos, terebrantes o punzantes, proporciona indicios
que influyen en la elección del medicamento. Son importantes factores
el temple y estado de ánimo del enfermo. Ansiedad, pena o tristeza no
pocas veces son causas desencadenantes de muchas enfermedades.
También son puntos de referencia la
postura, los gestos y la mímica del enfermo, en fin, todo su aspecto,
porque los estados psíquico y físico revelan la constitución y
además permiten reconocer la disposición y susceptibilidad respecto de
ciertas enfermedades.
Por lo tanto reviste una significación
especial el estado constitucional que puede relacionarse con
determinados medicamentos. Así, es muy posible que, aunque los datos de
la enfermedad comprobados (diagnóstico) sean los mismos en uno u otro
paciente, se prescriben medicamentos completamente distintos.
Esto permite comprender por qué en la
homeopatía - salvo ciertas excepciones- tiene poco sentido indicar la
esfera de aplicación de un medicamento sólo a través de los conceptos
de la enfermedad.
No existe el remedio para la
enfermedad.
Por otra parte, este modo de prescripción
implica que un mismo remedio se aplique en enfermedades completamente
distintas.
La prescripción homeopática exige
vastos conocimientos y experiencia, aparte de una minuciosa observación.
Y debe volverse a destacar que tal procedimiento para elegir el remedio
exige un tiempo y esfuerzo considerables así como mucha intervención
personal.
Un ejemplo de a práctica diaria:
Asma broquial. Transtornos psicosomáticos y -en medida creciente-
alergias son las causas. El diagnóstico clínico Asma bronquial es rápidamente
establecido. Recaídas de insuficiencia respiratoria, limitación
bronquial y debilidad cardíaca aparecen, como fenómenos consecutivos
de las señales características del cuadro patológico general de esta
enfermedad.
El cuadro patológico general de esta enfermedad coincide en todos
los enfermos asmáticos. El cuadro patológico personal diferencia
claramanete de uno a otros pacientes.
En unos pacientes la deficiencia respiratoria aparece sobre todo por las
noches, en otros sobre todo por las mañanas tempranos o por la tarde.
Unos no soportan el sol, otros es con el tiempo húmedo cuando las recaídas
asmáticas se hacen más fuertes. A veces son bebidas calientes , otras
son bebidas frías las que producen un ataque de tos. Las preocupaciones
en los negocios producen en unos pacientes presión en el pecho, en
otros son los problemas privados los que atacan a la respiración.
Así vemos: siempre el mismo diagnóstico
clínico -Asma bronquial-, pero totalmente diferentes cuadros patológicos
personales.
Diferentes cuadros patológicos
personales hacen esenciales, diferentes prescripciones homeopáticas.
Por ello el médico homeópata
prescribe a diez asmáticos, es decir pacientes con el mismo diagnóstico
clínico, según las circunstancias, siempre diferentes medicamentos. Los
síntomas individuales: cómo se diferencia la insuficiencia
respiratoria de uno a otro paciente, son en la Homeopatía la llave
para el correcto tratamiento. Un claro motivo médico, tiene el
tomarse para cada paciente tiempo, pues la adecuada llave, la señal
característica personal de un cuadro patológico, lo encuentra el médico
sólo con una amplia consulta con el enfermo.